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viernes, 22 de abril de 2011

Nota publicada hoy en SOY, Página 12


Los Diminutivos. Por Mariana Docampo


En mi clase de yoga trabé amistad con una señora de espíritu bondadoso que trabaja como profesora de Matemáticas en un bachillerato para adultos, turno noche. Al colegio donde da clases acuden muchos alumnos bolivianos, peruanos y chinos, a quienes ella llama invariablemente “bolivianitos”, “peruanitos” y “chinitos”, pudiendo estos últimos ser chinos o coreanos de manera indistinta, y superando casi todos ellos los treinta años de edad. A sus alumnos argentinos los llama “argentinos”, y siempre aclara que son los peores de la clase. Los “bolivianitos pobrecitos” son, según Mabel, “buena gente, muy trabajadora”; “los peruanitos son todos mafiosos”, pero ella los quiere igual; y “a los chinitos no se les entiende nada, pero son muy inteligentes”. Un día me dijo que en su clase tenía dos “travestitos” de la Villa 31. Yo la miré con sorpresa y le pregunté qué era un “travestito”. Mabel dijo, buscando sus mejores palabras, para ser respetuosa: “Son hombres que vienen vestidos de mujer”. Como se trata de un colegio católico, le pregunté si las autoridades de la institución no hacían problemas, y me contestó que no, que “estaba todo bien”. Sin embargo, cuando hace un tiempo el Episcopado argentino “solicitó” a los directivos, maestros y profesores de escuelas católicas que asistieran a la marcha contra el matrimonio igualitario que tuvo lugar el 13 de julio de 2010, a Mabel la llamó por teléfono el director del colegio pidiéndole que por favor fuera. Ella le contestó que no iría, por dos razones: en la misa del domingo había escuchado a un cura rebelde con su cúpula contar la historia de un gay que había cuidado de su pareja hasta la muerte, y el relato la había conmovido y hecho reflexionar; y en segundo lugar, por los “travestitos” de su clase. Y entonces exclamó: “¡Con qué cara voy a ir a la marcha contra el matrimonio gay y alentar a mis alumnos a que vayan también si es una marcha que está contra dos de ellos!”. Algún tiempo después de esta conversación, y ya habiendo sido firmada la ley de matrimonio igualitario, Mabel sigue llamando “travestitos” a sus alumnas travestis y “bolivianitos” a sus alumnos y alumnas de Bolivia, aunque todos ellos hayan alcanzado la edad adulta. Pienso que con el diminutivo busca acaso protegerse de una diferencia que la asusta, y al mismo tiempo proteger de prejuicios propios y ajenos a sus alumnos más vulnerables.
Dejando para otra discusión el tema de lxs inmigrantes, una ley como la sancionada sumada a la ley de identidad de género, que falta, pueden hacer que los “travestitos” de Mabel se vean a sí mismos ya no como pequeñas personas problematizadas sino como adultos con plenos derechos, y de esta manera comiencen a presentarse en ámbitos sociales. Si bien esto asustará a muchos y enojará a otros, será sin dudas una manera de acompañar el cambio legal con un reposicionamiento de cada unx de nosotrxs, que supone pensarnos en la plenitud de quienes somos, sin complejos ni minimizaciones que disminuyan nuestras capacidades como seres humanos y cívicos.




viernes, 30 de julio de 2010

Papeles Guardados

Por Mariana Docampo
Viernes, 30 de julio de 2010 en SOY, Página 12

Una lista de títulos que celebran la diversidad que sirve de guía para buscar en librerías lo que hay detrás de las novedades.

Poema y fragmentos completos. Safo

En la Facultad de Letras de la UBA, un profesor admirado por su gran erudición se erigió un día ante la clase en “defensor” del buen nombre de Safo y dijo que no había evidencias textuales de que Safo de Lesbos fuera lesbiana. Tras esta frase, estuvo un rato haciendo traducciones directas de los poemas e iba escandiéndolos con sus “¿No ven...?/ ... acá queda abierto...” Más allá de éstos y otros esfuerzos por salvar a Safo de ser Safo, su poesía pasó a la historia de la lírica amatoria entre mujeres e inspiró también la imitación de muchos poetas varones que compusieron rimas para sus amadas. Hay muchas traducciones de los poemas de Safo al español, entre ellas la de Bárbara Belloc y Alcira Cuccia, publicada hace poco tiempo por la preciosa y sofisticada editorial Patoenlacara. Es la única en nuestro idioma que reúne los poemas y fragmentos completos, y en ella las traductoras supieron preservar bellas las imágenes de la poeta eólica.

La sombra del animal. Vanesa Guerra


Sobre una tela de identidades diversas, emociones íntimas o cuestiones que nada tienen que ver con el amor o con el deseo se construye La sombra del animal. En el mundo que se aborda en el segundo libro de relatos de Vanesa Guerra, dialogan multitud de seres que conviven en un espacio desjerarquizado, presentados todos ellos en un mismo nivel de ilegitimidad, en su mismo extravío frente a la existencia. El libro posee una estructura descentrada y móvil, siempre desconcertante, llena de puntos en fuga. Lesbianas, heterosexuales, mendigos, gitanos, un turco, una travesti, una “vieji”, señoras que juegan a las cartas, conforman el entretejido social con igual protagonismo o prescindencia, y son expresados a través de un pluriverso formal que nada tiene que ver con los cánones de escritura, y menos aún con los cánones de la mirada. La sombra del animal es un libro bello, pero por sobre todas las cosas, libre.

Los Putos José María Gómez


Editado en 2008 por el sello MR de Planeta, Los Putos de José María Gómez traza una red amorosa entre varios hombres, que van tomando sucesivamente la voz narrativa. El tono es alto, y varía poco de un narrador a otro. En algunos de los personajes el discurso adquiere un tono místico, y las relaciones que se cuentan se caracterizan por darse invariablemente entre un hombre mayor, que asume el lugar “paternal”, y un joven que ocupa el “filial”. Un acierto del libro, muy bien escrito, cabe aclarar, es el contrapunto que juega el texto en relación con su título, y que daría una clave para una lectura paródica de la novela. La palabra “putos” puesta a funcionar para nombrar a estos personajes cuyo lenguaje refinado, fantasías y altos ideales amorosos nada tienen que ver con las connotaciones peyorativas del término, pone en cuestión la subjetividad de los personajes y la calidad de sus relaciones; del mismo modo lo hacen los clisés de erotismo sadomasoquista y los escenarios marginales en los que se mueven.


El corazón es un cazador solitario. Carson Mc Cullers


Hace dos años se reeditó por Seix Barral en español, y todavía se consigue, El corazón es un cazador solitario, la primera y acaso más entrañable novela de la norteamericana Carson Mc Cullers. El libro cuenta las peripecias de un grupo de personas de un pueblo del sur de los Estados Unidos, centradas alrededor de la figura del sordomudo John Singer, enamorado profundamente de otro sordomudo semiloco llamado Antonopulos, y con quien protagoniza algunas de las escenas más hermosas que puedan leerse en la literatura amorosa. Cualquier libro de Mc Cullers nos lleva a un mundo de coordenadas queer, en donde los personajes, tullidos, negros, enanos, homosexuales, definidos todos al margen de la sociedad en la que viven, conforman un universo “freak”, expresión de una sociedad decadente, pero también su único modo de resistencia. La comunicación entre los personajes está siempre interferida, hecho que los confina a la soledad, aunque insistan siempre en un renovado intento de unión.

jueves, 24 de junio de 2010

La marcha evangélica (Texto publicado en Soy el 11 de Junio de 2010)

La marcha evangélica. Por Mariana Docampo (versión original - el texto fue editado con algunas modificaciones y agregados)


A través de varios medios me enteré de la marcha contra el matrimonio gay organizada por la Alianza Cristiana de Iglesias Evangélicas de la República Argentina (Aciera) y la Federación Confraternidad Evangélica Pentecostal (Fecep), que tuvo lugar el 31 de mayo frente al Congreso de la ciudad de Buenos Aires. En medio de un importante despliegue de pantallas y altoparlantes, los manifestantes fueron convocados para hacer una “gran plegaria a cielo abierto” a fin de frenar la aprobación de la ley que posibilita el casamiento entre personas del mismo sexo, proyecto que, según el decir de los pastores, verdaderos autorizados (vaya a saber por quien) para opinar sobre estos temas, “va en contra de los designios de Dios”. No faltaron bandas de rock cristianas y elocuentes predicadores. Sabemos de lo que es capaz el fanatismo religioso, y las energías humanas puestas a circular todas juntas en un mismo rectángulo apretado y lleno de cuerpos, con un miedo propio o implantado desde arriba (pirámide cuya cúspide, en este caso, está encarnada en una figura humana de saco y corbata y dama a un costado de pollera y sacón). Estuvo presente, claro está, la infatigable jefa de “cruzada anti-matrimonio gay” Cintya Hotton, hoy famosa por sus decires homofóbicos y que sin duda obtendrá su anhelada placa a “la guardiana de los valores de su país” en alguna post-vida menos progresista, y bajo el lema “un mensaje de los niños: queremos papá y mamá”, hubo cánticos y rezos y banderas de todo tipo, por ejemplo una con la imagen de una tuerca y un tornillo que aludía con dramática precisión a la naturaleza heterosexual del ciudadano, u otra con un texto que decía lo siguiente: “La familia es un decreto de Dios”. TN cubrió el evento y Valeria de San Pedro, la periodista, pidió la palabra de algunos manifestantes. Un señor exclamó: “Yo lo que quería decirles es que si se remontan a leer el libro del Génesis van a ver que Dios destruyó una ciudad que es Sodoma y Gomorra (no corrijo, por pudor) por el pecado de homosexualidad y de lesbianismo”. Otro señor, se hace lugar entre la gente y dice ante las cámaras: “lo normal es una madre amamantando a su bebé, un padre guiándolo hacia el fútbol u otros deportes, un matrimonio homosexual no cumple con esos requisitos”. No sé si reírme o llorar. La gente da vueltas con las manos hacia arriba mientras canta y clama, revolea los ojos y sortea las preguntas de Valeria San Pedro que finalmente acude a un pastor, que le dice “Si seguimos con estas ideas vamos a tener que sacar a Dios de nuestra práctica, de nuestra vida, porque esto es amor a la patria, amor a la familia y amor a los hijos... Nuestra patria está basada en la familia que está organizada, básicamente, por Dios”. La frase no requirió fundamentos teológicos, ni científicos, ni nada, fue una frase dada y punto final. Termina la nota. Con varios amigxs coincidimos en que más que enojo la “marcha anti-gay” de los evangélicos dio tristeza. Tristeza por los repetidores de la palabra del pastor, por la precariedad de las reflexiones, por la irracionalidad, la violencia que acarrean los miedos y el modo en que éstos limitan la comprensión de lo humano. Tristeza por quienes temerosos de la ira de Dios, ponen ciega confianza en quienes no la temen, y sostienen y solventan un sistema que en alguna de sus vueltas, o en toda su maquinaria, los deja afuera.

viernes, 4 de junio de 2010

Los Razonamientos - Texto publicado en SOY el 14 de mayo de 2010

Los razonamientos. Mariana Docampo
El miércoles 5 de mayo, cuando varios diarios y canales de noticias habían anunciado la media sanción de la ley que posibilitaría el matrimonio entre personas del mismo sexo, el periódico La Nación presentó la noticia con el siguiente titular de tapa: “Avanza el polémico proyecto sobre el matrimonio gay”. Afortunadamente, ya estaba enterada de las noticias y fui al diario con tranquilidad, limitándome a mover de un lado al otro la cabeza a modo de queja por la realidad ofrecida, pero feliz por la constatada a través de otros medios. Ví entonces en el cuerpo del diario tres columnas que parecían dar prueba de una gran pluralidad de opiniones. La columna izquierda, escrita por Maria Rachid, se titulaba “Iguales ante la ley”, la derecha, “El orden natural”, firmada por Eduardo Sambrizzi, vicepresidente de la corporación de Abogados Católicos, y entre esas dos, una llamada “Punto Medio” firmada por Gladys González, diputada del Pro, y que lo único que tenía de punto medio era la posición de la columna, que estaba a equitativa distancia de una y otra. Por pura comodidad visual leí esta última, reservando mi simpatía para el punto izquierdo. La diputada decía: “Por qué imponerles un binomio (entiéndase a los niños en adopción) papá-papá o mamá-mamá, impidiéndoles recurrir a su elemental anhelo de convocar aun simbólicamente a su padre y a su madre?” Pasé mi atención al “punto derecho”, y entre otras cosas, que invocaban la naturaleza y el “justo orden social”, el abogado católico decía: “...la posibilidad de adoptar iría en contra del interés superior del niño...” Abordé entonces, la columna de Rachid, quien en un lenguaje fácil de entender para todo el mundo, sin ninguna pretensión intelectual y del lado opuesto a las teologías, libros sagrados y psicologías evolutivas, recursos todos que sirven para esconder un componente de profunda discriminación inherente sólo a lo humano, decía, entre otras cosas, lo siguiente: “Si el Estado dijera que somos iguales ante la ley, quizás el padre de la novia de Natalia Noemí Gaitán no la hubiera asesinado por el hecho de rechazar la idea de que su hija fuera, según él, tan diferente”. En esta línea había otros ejemplos, menos puntuales pero con su mismo carácter no universal, de situaciones que no sucederían si el Estado dijera que somos iguales ante la ley, algo así —pensé— como que si papá-estado dice que esto está bien, entonces la mayoría empezará a pensar que está bien y actuará conforme a ello. La fórmula me pareció eficaz y acaso la única para poder lidiar en el campo minado de los discursos actuales. El razonamiento de Rachid, por simple que pareciera, era tan definitivo, tan determinante como el del “punto derecho”, y usaba sus mismos elementos pero con el signo cambiado, exigía la construcción de un dios a la medida humana de nuestra época. El dios-padre-estado, Ley, en última instancia, que debía forjarse en una verticalidad ascendente, redistribuyendo culpas y castigos, para que los “hijos” pudiéramos seguir pensando de la manera que el padre piensa, y detuviéramos el extravío psíquico y moral que este cambio representaba. Esto siempre y cuando y hasta cuando logremos formar en el futuro un nuevo y más justo orden social.