jueves, 22 de junio de 2017

Ya sale V!


Juana Manso no es solamente una calle de Puerto Madero. Por Paula Jimenez para Clarín

Juana Manso no es solamente una calle de Puerto Madero. Por Paula Jimenez para Clarín (18/11/2011)


Una editorial cordobesa revisa la historia de las mujeres en la literatura argentina y las reedita. Rescatan del olvido a las escritoras del siglo XIX: Gorriti, Mansilla, Manso y muchas más.
A fines de 1880 Juana Manuela Gorriti tuvo un proyecto: convocar a otras mujeres a que le confiaran sus preciados secretos gastronómicos, para integrar con todos ellos un libro guía de la mujer moderna. El libro se llamó Cocina ecléctica, y reunió, alrededor de las recetas, cuentos, diálogos y otros géneros literarios. Fue publicado en 1890. Más de un siglo después, este año, la editora cordobesa Daniela Mc Auliffe, decidió reflotar el recetario en Buena vista (editorialbuenavista.com.ar), su propio sello, y le pidió a la escritora Mariana Docampo que lo prologara. La idea de rescatar este texto interesó a Docampo, quien vio en la iniciativa de Gorriti la fuerza de un espíritu colectivo femenino capaz de buscar caminos alternativos a los propuestos por el “deber ser” de la literatura de la época.  Tiempo después, Cocina ecléctica devino el primer título de “Las antiguas”, una colección de narrativa de autoras del siglo XIX.   “Buscamos reponer una genealogía de escritoras argentinas, publicadas pero desordenadamente. Ver quiénes escribieron y qué –explica Docampo, la directora de la colección–. Nos gustaría publicar la mayor cantidad de textos posibles de manera desjerarquizada, para mostrar el panorama de escritoras del siglo XIX”.
Más de 230 autoras escribieron y publicaron durante la década de 1860. Y este índice fue aumentando considerablemente en los años que siguieron, tanto como para volver innegable la presencia de una literatura decimonónica escrita por mujeres. Sin embargo, en la Argentina, las escritoras parecen haber empezado a producir recién en el siglo XX y, salvo algunos nombres como los de Juana Manso o Juana Manuela Gorriti, la gran mayoría parecen haber quedado invisibilizados. Cuenta Docampo: “En torno a Eduarda Mansilla, por ejemplo, que fue rescatada hace pocos años por la academia, hubo durante mucho tiempo un gran silenciamiento. Sobre porqué pasa esto, hay hipótesis. La mía es que tiene que ver con una cuestión de género. No solo creo que no fueron reeditadas porque son mujeres, sino que también existen maneras “aprobadas” de escritura. Y muchas de estas autoras no las practicaban”.
Según Docampo, lo que conocemos como la literatura de aquellos años parece restringirse a “Mármol, Sarmiento, Echeverría, Lucio Mansilla y poco más”.
Más allá de los nombres hegemónicos, se pueden rastrear caminos alternativos de producción dentro de las letras argentinas: “Todo lo otro que se escribió bajo formas menos prestigiosas de relato, durante mucho tiempo no fue considerado. Pero en un momento como este, en el que a muchos escritores no les vasta la línea literaria tradicional, se necesita ampliar el panorama literario.
El lujo, publicada en 1891, de Lola Larrosa, propone algunas formas vanguardistas: dentro de una historia lineal, de repente, pone una página con una noticia periodística, como si fuera extraída del diario”.
Cada uno de los libros que integran Las antiguas lleva el prólogo de una escritora contemporánea. Docampo cuenta que “las invitamos a que sus palabras sirvieran como presentación para un público no especializado. Por eso también elegimos escritoras mayormente no académicas”. Los títulos de próxima aparición serán Recuerdos de viaje, crónica del primer viaje a Estados Unidos de Eduarda Mansilla con palabras de María Rosa Lojo; Stella, una novela de amor de Emma de la Barra considerada el primer best seller argentino, prologada por Cristina Piña; y Recuerdos de antaño, las memorias de infancia y juventud de Elvira Aldao de Díaz, prologadas por por María Teresa Andruetto. Hasta aquí, además del ya mentado Cocina Ecléctica, han sido publicados: Tierra Natal, crónicas de viajes de Juana Manuela Gorriti, con prólogo de Carolina Esses, Los Misterios del Plata, una novela de Juana Manso, sobre un personaje que vuelve del exilio causado por la tiranía de Rosas, con prólogo de Mercedes Araujo; y El lujo, la historia de una chica del campo deslumbrada por las luces malas del centro, de Lola Larrosa, con prólogo de Vanesa Guerra. “A Guerra, la estructura narrativa de El lujo la hizo pensar en los relatos orales de su propia abuela. Sin duda, se trata de otras formas de circulación de lo literario”, cierra Docampo.

Damas de letras. Por Mariana Guzzante para Los Andes

Damas de letras. Por Mariana Guzzante para Los Andes


Se iba a llamar “Mujeres del siglo XIX”, pero estos ocho libros rescatados del pasado formaban un collage tan exquisito que acabó llamándose “Las Antiguas”. Así nació la colección que acaba de desenterrar novelas, libros de viaje y hasta recetarios de cocina firmados por las primeras escritoras argentinas. Por qué es necesario descubrirlas.



Mariana Docampo se escapa del rugir de Buenos Aires en la fatal hora pico. Ya dentro del taxi respira, vuelve a agradecer y cuenta cómo se le ocurrió desenterrar a aquellas escritoras acalladas por el peso del polvo y el olvido: “Conocerlas, saber qué hacían, qué escribían, de qué temas hablaban y cómo los abordaban”, explica.

Como una suerte de arqueólogo urbano, nos lleva en su celular recorriendo laberintos, llenando huecos, siguiendo pistas, y tan apasionante es el hallazgo de “Las Antiguas” que casi no percibimos cuándo entró a su departamento, llegó hasta la PC y empalmamos la charla por mail.

“Queríamos hacer una colección ‘viva’, que nos interpelara como escritoras y lectoras, pero también que pudiera plantear coordenadas nuevas de lectura. Por eso, también las prologuistas son escritoras de distintas generaciones, hay algunas más jóvenes y otras ya consagradas”. No influyó, dice, que Juana Manuela Gorriti, Eduarda Mansilla o Juana Manso fueran más conocidas que Lola Larrosa, Rosa Guerra o Elvira Aldao de Díaz. No hubo, de entrada, ninguna jerarquía en la colección, sobre todo del tipo “ésta escribía bien”, “ésta no”. 

Y en el catálogo entró de todo: novelas, libros de viaje, memorias y un recetario de cocina, sin contar obras de teatro, poesía y ensayo que editarán muy pronto. 

¿Quiénes son Las Antiguas, entonces? Pues, por empezar, autoras nacidas antes de que finalizara el XIX, pero publicadas durante el XX. “Por eso, en la colección entran obras como ‘Stella’, de César Duayen, pseudónimo de Emma de la Barra. Un caso muy particular, porque fue un best seller en los primeros años del siglo XX y ahora es un libro inhallable. Otro, ‘Los Recuerdos de antaño’, de Elvira Aldao de Díaz (un libro de memorias que en lo personal me gusta mucho) fue publicado en 1931”. 

Mariana dice que van editando en la medida que van encontrando y que la mayoría de las damas de letras son muy difíciles de conseguir, porque están en salas reservadas de bibliotecas, o directamente no están. 

Que la académica norteamericana Lea Fletcher (quien vivió muchos años en la Argentina y fundó la revista y editorial Feminaria) fue de gran ayuda para la investigación, no queda duda. Tampoco que el rastreo de nombres y títulos le debe otro ‘gracias’ al “Diccionario Biográfico de Mujeres Argentinas” de Lili Souza de Newton. 

-¿Hablamos de hallazgo de inéditos?

-Hay de todo. “Cocina ecléctica” de Juana Manuela Gorriti fue reeditada varias veces, por ejemplo. Pero, como decía, “Stella” de Emma de la Barra era un inhallable. Y eso que rompió récords de ventas en el momento de aparición, se tradujo a muchos idiomas, e incluso se filmó una película en los años ’30. 

De las ocho damas invocadas aquí, la que más le llamó la atención a Docampo fue Lola Larrosa. “Ella nació en Uruguay pero hizo toda su carrera literaria en Buenos Aires. Vivía de la escritura, era narradora pero también periodista, y compartió con Juana Manuela Gorriti la dirección de la revista ‘La Alborada del Plata’. Tuvo que hacerse cargo económicamente de su hijo y de su marido, que enloqueció a los pocos años de casarse. Por otra parte, murió muy jovencita, a los treinta y seis. Y si bien sus novelas se vendían y en general le fue bien con la crítica, hubo una que me llama particularmente la atención, por lo misógina”. 

Mariana linkea la reseña: un crítico falaz por poco le aconseja a Lola que se calle, que mejor se dirija “hacia rumbos más propicios y acaso de más vuelo para su corazón de mujer”. Difícil que el cursor no se irrite, pero Mariana teclea con calma: “Me sorprende todavía más cómo Lola Larrosa, aun con toda una sociedad que pensaba que la escritura no era cosa de mujeres, sigue escribiendo, porque es su deseo, por un lado, pero también porque no tiene alternativa, ya que la escritura es su modo de vida. La necesidad la autoriza”.

Es interesante cómo Mariana habla de ella (de ellas) en presente espontáneo. “Muchas escriben no lo que quieren, sino lo que pueden, consciente o inconscientemente”. Si escribir era en sí una transgresión, la astucia de la lady consistía, entonces, en refinar el ademán contestatario hacia los señores que las mandaban a callar, en alzar el gesto obsceno del dedo mayor, pero suspicazmente dentro del guante. 

Para que veamos hasta qué punto la colección es un trabajo colectivo, Mariana adelanta que “Lo íntimo”, otro libro de Gorriti, que publicarán en 2012, les fue enviado por la escritora Esther Andradi desde Berlín. Además, la investigadora cordobesa Marta Palacio, descendiente de Agustina Palacio de Andrade, otra futura “antigua”, envió “La heroína del Bracho”, el libro de memorias de la ancestra. Cristina Bajo nos ha facilitado también un libro de Emma de la Barra. A pulmón, la operación rescate continúa.

Mujeres que (se) escriben. Por Daniel Gigena para ADN

Mujeres que (se) escriben
En los últimos quince años, de la mano de nuevas voces de escritoras, aparecieron en la literatura argentina personajes femeninos más audaces e innovadores
LA NACION
DOMINGO 06 DE MARZO DE 2016
¿Cómo se transformó la representación de las mujeres en la literatura nacional? ¿Cómo pasaron de ser meros agentes pasivos (si no figuras ausentes) a protagonistas exclusivas, como sucede en los libros de Ariana Harwicz y Sylvia Molloy, por nombrar a dos autoras contemporáneas de distintas generaciones? Los cambios en el contexto social, por supuesto, acompañan e impulsan nuevos circuitos, dinámicas y consumos literarios, pero la relación entre realidad y ficción es reticular. En los últimos quince años, junto con el despliegue de nuevas subjetividades femeninas en la ficción aparecieron más voces de escritoras.
"Creo que es evidente que hay una mayor edición y circulación de escritoras mujeres tanto a nivel nacional como regional e internacional -comenta Nora Domínguez, doctora en Letras, directora del Instituto Interdisciplinario de Estudios de Género (UBA) y autora de libros clave como Lazos de familia. Herencias, cuerpos, ficciones y Fábulas del género-. Me interesan Margarita García Robayo (Colombia), Lina Meruane (Chile), Fernanda Trías (Uruguay), Verónica Stigger (Brasil). Ellas saben mirar los mundos en que viven y extraer los personajes, los conflictos, las voces más desafiantes que los hagan hablar; trabajan en los límites y eso me seduce mucho porque están probando qué decir, cómo narrar, cómo levantar capas de sentidos. La mexicana Valeria Luiselli tiene una imaginación sofisticada y un manejo extraordinario de la prosa."
Sobre el trabajo de las autoras nacionales, Domínguez agrega: "La vida doméstica, los lazos familiares, los encuentros afectivos y sexuales son los aspectos que tal vez más han cambiado a lo largo del siglo XX y en lo que va del XXI. La literatura, aunque puede anticiparse o ir detrás de las transformaciones, siempre va con ellas a su lado, ofreciendo perspectivas y colocando voces diferentes en esas series. Los temas proliferan: las marcas de la enfermedad, las versiones inéditas de las violencias políticas aún sin narrar o de las violencias sobre el cuerpo de las mujeres, los viajes y exilios. Pero lo interesante es la emergencia de modos de narrar más desprejuiciados, más críticos, más experimentales, que alteran nuestras certezas sobre las representaciones de género y las múltiples relaciones imaginarias, reales, políticas que establecemos los humanos." Domínguez adjunta en su respuesta una larga lista de autoras: Perla Suez, Sylvia Molloy, Gabriela Cabezón Cámara, María Martoccia, Mariana Docampo, María Moreno, Matilde Sánchez, Romina Paula, Gabriela Massuh, Tununa Mercado. "Y leí con mucho interés a María Sonia Cristoff, Selva Almada, Lucía Puenzo, Samanta Schweblin, Vanesa Guerra y Mercedes Araujo. Hay otras que también vienen pisando fuerte: Eugenia Almeida, Ariana Harwicz, Virginia Cosin."
¿En la literatura escrita por varones en los últimos años esas modulaciones e intensidades también aparecen? Domínguez sostiene que sí. "Difícilmente me vaya a olvidar de la mucama enamorada, abandonada y espiada de cerca en Rabia de Sergio Bizzio, o del personaje de Helena, en la nouvelle de Eduardo Muslip Plaza Irlanda, o de las jóvenes lesbianas de Iosi Havilio en Opendoor o en Paraísos. No me parece un factor determinante que sus autores sean varones; dieron en el clavo con una construcción del mundo afectivo y sensible de los personajes, que los vuelve muy creíbles. Supieron encontrar para esos personajes femeninos las herramientas perfectas que ofrecen el estado actual de la cultura, de sus lenguajes y de su imaginación. Los personajes de las tres novelas de Gabriela Cabezón Cámara también concentran personajes potentes, espacios de lo marginal en carne viva y una lengua a un mismo tiempo controlada y desquiciada que los domina. Con esos textos sí que ganamos."

El lugar de las fantasías





Mariana Docampo es licenciada en Letras, narradora y directora de la colección Las Antiguas, del sello Buena Vista, que rescata textos de autoras argentinas del pasado, como Emma Barrandeguy o Elvira Aldao. Para la autora de La fe, los cambios más interesantes en la representación de personajes femeninos se dan en la literatura escrita por mujeres. "Ahí aparecen los personajes femeninos más originales, por la libertad con la que se expresan ciertos aspectos de algunas mujeres, ante los cuales la mirada masculina es sesgada, muchas veces por desconocimiento, por desinterés o por prejuicio. Personajes sobre los que no cae la mirada o pregunta moralizante de un autor hombre, o que no ocupan el lugar de sus fantasías, algo que lamentablemente sigue siendo muy frecuente en la literatura argentina contemporánea." Sobre este último aspecto, basta repasar títulos best sellers de autores locales en los que aparecen variaciones insufribles de la femme fatale, la arpía o la ninfómana.
"Son muy interesantes las dos novelas de Harwicz, La débil mental y Precoz, que muestran una sexualidad de los personajes femeninos un poco incómoda para los lectores -apunta Docampo?. Madres con una fuerte carga incestuosa, que ponen en jaque el estereotipo de la maternidad y que extreman el rol hasta lo indigerible. Otra escritora que trabaja en un borde muy particular para representar a sus protagonistas mujeres es Cabezón Cámara, que está inmersa en las aguas de lo queer. Sus mujeres están como estalladas por dentro (y por fuera también), un poco más allá del género, son y no son mujeres; podríamos decir que son transmujeres. También me parece innovadora la representación de mujeres que aman o desean a otras mujeres en La intemperie de Gabriela Massuh, o en Desarticulaciones, de Sylvia Molloy. El tratamiento de lo autobiográfico les da un plus de valor a estas novelas porque eso desborda los límites textuales y extiende lazos hacia las protagonistas reales."
Para Docampo, la literatura anticipa o expresa cambios de época. "Lo importante es prestar atención a estas voces y a estas nuevas representaciones, porque son las que amplían el abanico de lo que se cuenta en la Argentina, lo enriquecen, y a la vez, modernizan la literatura, la adaptan a los tiempos que corren. Esto significa que ya sea que nos identifiquemos o no con los personajes representados, los lectores vamos a tener la oportunidad de abrirnos a nuevas subjetividades; esto trae implícito una posibilidad de reflexionar más y mejor sobre nosotros mismos y el mundo en que vivimos." Otras autoras, como Ariadna Castellarnau, Mariana Komiseroff, Giselle Aronson, Violeta Gorodischer, Natalia Brandi, Beatriz Vignoli, Paula Brecciaroli, Natalia Massei, Claudia Aboaf, Mirta Hortas, Marina Yuszczuk y Mariana Travacio suman espesor a la experiencia femenina desde ópticas domésticas trastrocadas, en medio de odiseas de inmigraciones y extravíos o de identidades en formación constante.

Pasajeras en trance

Julián López, autor de Una muchacha muy bella, novela organizada a partir de una figura femenina radiante, considera que el universo actual de la literatura argentina está escrito en gran medida por mujeres. "Puedo mencionar como potentes y diversas en el sentido de la representación y las voces de lo femenino a Gabriela Cabezón Cámara y a Inés Garland, dos escritoras que abordan universos de mujeres con niveles de intimidad que pueden sorprender por lo variado y en todo caso lo lejano, pero también por la veracidad y la voracidad como una característica de esas escrituras", dice López. "Además de ellas, me gustan mucho Alejandra Zina, me encanta la voz poderosísima que construyó Samanta Schweblin en la admirable Distancia de rescate, Selva Almada. Un descubrimiento personal fuera de este marco temporal fue Emma Barrandeguy, que como todo lo bueno viene de la mano de María Moreno, que fue quien la redescubrió. Su novela Habitaciones es fundamental en el contexto histórico y de género."
Gabriela Cabezón Cámara es una de las autoras más mencionadas por sus colegas varones y mujeres a la hora de evaluar la originalidad narrativa para diseñar personajes femeninos en la literatura local. "Lo que ahora está sucediendo es que muchas más mujeres escriben y publican; obviamente, lo hacen desde una perspectiva particular, diferente de la mirada hegemónica", dice. "Me interesa mucho lo que hacen Carina Radilov Chirov, cómo construye personajes de mujeres en momentos de clivaje; Zina, que explora vínculos de perturbadora intimidad entre mujeres; Harwicz, que piensa algo poco pensado como la relación madre-hija; Marina Mariasch, que construye un mundo familiar femenino en Estamos unidas; Havilio, con ese personaje fascinante de Opendoor, y Fernanda Laguna (alias Dalia Rossetti), que hace un trabajo impresionante en Dame pelota. Ahora ella trabaja sobre una mucama perversa, enamorada de su patrona y caliente con sus hijas adolescentes (las de la patrona). Rompe límites Fernanda. Me divierte mucho también la investigadora de María Inés Krimer, Ruth Epelbaum, una señora en sus cincuenta que, ayudada por su mucama y amiga, resuelve casos policiales en una Buenos Aires bastante pesadillesca."
Para Andrea Ostrov, doctora en Letras, docente e investigadora del Conicet, autora de El género al bies: cuerpo, género y escritura en cinco narradoras latinoamericanas y Espacios de ficción. Espacio, poder y escritura en la literatura latinoamericana, existen orientaciones claras en la narrativa escrita por mujeres en las dos últimas décadas. "Por un lado, persiste una continuidad fuerte en relación con la violencia dictatorial y el trabajo de la memoria, tal como lo evidencian las últimas novelas de Sara Rosenberg (Un hilo rojo y Contraluz); de María Teresa Andruetto (Lengua madre y Los manchados); de Susana Romano Sued (Procedimiento); de Nora Strejilevich (Una sola muerte numerosa) y de tantas otras narradoras. La representación del pasado traumático se realiza en forma fragmentaria, mediante el ensamblaje de voces, documentos, cartas, testimonios. Los personajes femeninos -muchas veces con una impronta autobiográfica- intentan una recuperación de lo acontecido que posibilite alguna reconstrucción de sentido, un ejercicio de la memoria que resignifique la historia a partir de los interrogantes del presente. Otras veces, la reconstrucción e indagación del pasado se refiere al linaje familiar, al desarraigo de los padres o abuelos inmigrantes, a las tradiciones, a la tierra perdida. Aquí, la recuperación de la genealogía y la historia familiar resultan decisivas en la configuración de la propia subjetividad de las protagonistas." En esta línea trabajaron María Rosa Lojo, Griselda Gambaro, Perla Suez, Ana María Shua y María Angélica Scotti, entre otras. Otra vertiente que Ostrov destaca es aquella que se refiere a la violencia de género y a la trata de mujeres. Trabajos recientes de Angélica Gorodischer (una pionera) avanzan por ese camino.
Más allá de las líneas temáticas o las tendencias más visibles, para Ostrov los nuevos personajes femeninos se alejan en gran medida de los estereotipos de género y de las representaciones tradicionales. "Podríamos decir que sus identidades se constituyen precisamente a partir de los desvíos, rupturas y disensos que son capaces de establecer respecto de los modelos hegemónicos y los roles sociales recomendados. En este sentido habría que inscribir también los relatos que problematizan las formas tradicionales de maternidad y proponen configuraciones familiares, afectivas y sexuales alternativas, como por ejemplo La Virgen Cabeza y Romance de la negra rubia de Cabezón Cámara; El niño pez de Lucía Puenzo; La intemperie de Massuh; No es amor de Patricia Kolesnicov y, por supuesto, Varia imaginación de Molloy."
Para Cabezón Cámara los nuevos personajes femeninos importan, y mucho, porque "están poco escritos, porque permiten pensar nuevos puntos de vista". "Recuerdo cuánto me fascinó leer Casandra de Christa Wolf, una lectura de Agamenón, la tragedia de Esquilo. Casandra tenía el don de ver lo que sucedería y la maldición de no ser escuchada nunca por nadie, narrando el final de la guerra de Troya y el del comandante en jefe de su ejército: hermoso -agrega-. Es un trabajo semejante al de Jean Rhys en Ancho mar de los Sargazos: cuenta una historia ya contada desde la perspectiva del personaje que no hablaba o que no era escuchado, de la mujer, de la loca".
Creados por la urgencia de la actualidad, la búsqueda de una ruptura con la tradición o el deseo de perfilar otras voces, los personajes femeninos alcanzan un relieve inesperado en la literatura nacional a la vez que la enriquecen y transforman.