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jueves, 19 de mayo de 2011

BALTHUS Y EL COLOR

Françoise Jaunin: ¿Cuál es tu relación con el color?
Blathus: Un color no existe más que en relación con los otros colores. Es como una nota musical que depende necesariamente de todas las que la rodean. Solamente cuando está terminado -¿y puede serlo del todo?- podemos saber cuál es el color real del cuadro. En términos musicales, la pintura es un largo proceso que consiste en hacer de manera tal que las notas produzcan juntas el sonido justo. Dicho de manera, digamos, más orgánica, los colores cambian según lo que yo llamo su “carne”. Cada color desprende una materialidad y una luz que le son propias. Un color exacto crea una suerte de absoluto. Cuando era niño conocí a Piero Della Francesca a partir de reproducciones en blanco y negro. Descubrir sus frescos en el lugar mismo, con todo el resplandor claro y opaco de sus colores reales, fue una verdadera revelación: de golpe cobraban vida.

De Meditaciones de un caminante solitario de la pintura. Entrevistas a Balthus por Françoise Jaunin

miércoles, 16 de marzo de 2011

Lola Larrosa: El Lujo


Leyendo escritoras argentinas del siglo XIX para la colección de Buena Vista, me sigo sorprendiendo de lo quemada que tenían la cabeza estas señoras. De ellas venimos.

Lola Larrosa es una de mis preferidas, por su prosa apasionada y sus simpáticas descripciones; su modo simple de describir escenarios y personajes. El texto es lindo, si no juzgamos a Lola, y hacemos a un lado a la “santa madre” que baja línea en todas partes. El libro entero pareciera estar resumido en los versos de Azucena: “No salgas de tu barrio, se buena muchachita...”.

Un crítico cualquiera, que sólo trascendió por su violencia de género, mandó a callar a Lola, le dijo poco menos que : “esta señorita insiste en escribir, debería irse a lavar los platos...” Y eso que ella escribía lo que había que escribir. Pero evidentemente su sola insistencia en la tierra varona de la escritura tenía mucho de revolucionario.

Un adelanto de Lola Larrosa, desesperada y desesperante, porque aquí no ironiza:

“¡Ah! ¡Cuán necesaria es la forzosa educación moral de la mujer, para que se mantenga siempre en la esfera de su elevada misión en la tierra, y para que jamás deje de ser noble y adorablemente simpática y amada por todos!
Hay mujeres que saben mucho, muchísimo, que poseen profundos conocimientos en materias diversas, y que hacen asombrosa gala de su vasta erudición y de su capacidad para el estudio instructivo y analítico, y que luego deleitan por la claridad de sus raciocinios, por lo brillante de sus concepciones, por su dialéctica, y la altura, la ilustración y la elocuencia con que tratan las más complejas cuestiones, ora sociales, ora filosóficas.
Más ¡ay! Más les valiera ser ignorantes; porque cultivaron tan solo su inteligencia, sin curarse del corazón, cuyo único saludable alimento es la moral cristiana, base inconmovible del arte verdadero de la vida y de la humana felicidad!¡Bendita seas educación moral, la que hemos recibido de los labios de nuestra santa madre!
¡Cuán bella y consoladora eres!"

martes, 8 de marzo de 2011

Giacomo Leopardi: El Infinito



Uno de mis poemas predilectos por sobre todo lo que conozco de lo escrito:

L’Infinito

Sempre caro mi fu quest'ermo colle,
E questa siepe, che da tanta parte
De ll'ultimo orizzonte il guardo esclude.
Ma sedendo e mirando, interminati
Spazi di là da quella, e sovrumani
Silenzi, e profondissima quiete
Io nel pensier mi fingo, ove per poco
Il cor non si spaura. E come il vento
Odo stormir tra queste piante, io quello
Infinito silenzio a questa voce
Vo comparando: e mi sovvien l'eterno,
E le morte stagioni, e la presente
E viva, e il suon di lei. Così tra questa
Immensità s'annega il pensier mio:
E il naufragar m'è dolce in questo mare.

lunes, 7 de febrero de 2011

John Berger

Por suerte, cada tanto, alguien escribe.

"La luz que hace posible la vida y lo visible. Tal vez aquí toquemos la metafísica de la luz (Viajar a la velocidad de la luz significa dejar atrás la dimensión temporal). Al caer, no importa sobre qué, la luz otorga una cualidad de “primeridad” que lo vuelve prístino aunque en realidad puede ser una montaña o un mar de equis millones de años. La luz existe como un continuo comienzo interminable. La oscuridad, en cambio, no es, como suele suponerse, una finalidad sino un preludio. Es lo que me dice mi ojo izquierdo que apenas puede distinguir los contornos todavía". John Berger

martes, 21 de diciembre de 2010

Vivir en Poesía - Eugene Guillevic


"En la época en que era adolescente, solía pasearme por un gran bosque en Alsacia, en Ferrete, en compañía de un amigo de mi edad, tal vez quince años los dos.
Desde lo alto de un acantilado jurasiano mirábamos la planicie. Frente a nosotros se extendía aquello que se fotografía. Y también otra cosa.
¿Qué? Cierto temblor, un llamado a ir más allá de aquello que una fotografía podía retener.
Uno de nosotros dijo: la eternidad.
Era vago y quisimos precisarlo.
¿Qué era lo que podía darnos la sensación intelectual y física de la eternidad?
¿Qué era lo que podía situar concretamente este paisaje en una prolongación (también concreta) que sería la inmensidad del espacio y sobre todo, la del tiempo?
Lo mejor que se nos ocurrió fue imaginar que una vez cada cien años, un pájaro vendría a tomar con su pico alguna cosa de esta planicie– o a llevarse un grano de arena de una playa tan larga como inmensa era esta planicie.
Esta ficción nos hizo, al parecer, ver esta planicie, este acantilado, estos bosques, y a nosotros mismos, en el nivel que era el nuestro, el verdadero. Y esta imagen me acompañó toda mi vida.
La creo contraria a la noción de eternidad porque en la eternidad nada pasa. Es el instante permanente. ¡Pero qué importa!
A esto yo llamaría vivir en poesía: prolongar lo real no a través de lo fantástico, lo maravilloso, las imágenes paradisíacas, sino tratando de vivir lo concreto en su verdadera dimensión, vivir lo cotidiano en eso que puede llamarse, tal vez, la epopeya de lo real."
De "Vivir en poesía" - Entrevistas a Eugene Guillevic con Lucie Albertini y Alain Vircondelet

jueves, 23 de septiembre de 2010

Sobre Dios y la divinidad


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"El cielo está un millar de leguas por encima de la Tierra; así el Ser divino está por encima de Dios. Dios Evoluciona y cambia de forma."
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Maestro Eckart, mística renana

lunes, 20 de septiembre de 2010

Cardenal de Bérulle (Siglo XVII)


Texto del Cardenal de Bérulle (Siglo XVII) recogido por Marguerite Yourcenar en “La voz de las cosas”:

“¿Qué es el hombre?... Un ángel, un animal, un vacío, un mundo, una nada rodeada de Dios, indigente de Dios, capaz de Dios, llena de Dios...”

El texto termina así: “si lo desea” ... pero lo corté antes, porque sólo hasta ahí me parece poesía. El resto es doctrina.

miércoles, 4 de agosto de 2010

Paul Valéry

Esto que sigue es de Paul Valéry. Del libro “Degas danza dibujo”. De una linda y discreta versión de Editora Nacional Madrid que rescaté un día de lluvia del parque Rivadavia.

“A veces pensaba en lo informe. Hay cosas, manchas, masas, contornos, volúmenes, que no tienen, en cierta manera, más que una existencia de hecho: solo pueden ser percibidas por nosotros, pero no sabidas; no las podemos reducir a una ley única, deducir su todo del análisis de una de sus partes, reconstruirlas por medio de operaciones razonadas. No podemos modificarlas tan libremente. Casi no tienen otra propiedad que la de ocupar una región en el espacio... Decir que se trata de cosas informes, quiere decir, no que carezcan de forma, sino que sus formas no encuentran nada en nosotros que permita reemplazarlas por un acto puro de trazado o de reconocimiento. Y, en efecto, las formas informes no dejan otro recuerdo que el de una posibilidad”.

lunes, 26 de julio de 2010

Helado de Espuma



Mi receta favorita entre las muchas de Cocina Ecléctica, enviada por Corina Aparicio de Pacheco, de París, a Juana Manuela Gorriti para formar parte del libro.

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HELADO DE ESPUMA
En los países fríos, así como en los que el invierno es riguroso -como en Bolivia y el Sur del Perú- se confecciona este delicioso helado, fácil también de obtenerse, durante la estación fría, en toda la provincia de Buenos Aires. Los habitantes de las Estancias pueden darse el placer de saborear diariamente en su almuerzo, el más exquisito de los helados. He aquí la manera de hacerlo: a las cinco de la mañana, llenan de leche hasta la mitad, dos tarros de lata o de zinc, iguales a los que usan los lecheros. Se les envuelve en cueros de carnero muy empapados en agua fuertemente sazonada con salitre, o a falta de éste, sal; y colocados sobre el lomo de un caballo se le hace trotar una legua, y con el mismo trote se le trae de regreso. La leche -que se habrá tenido cuidado de tapar muy bien, ajustando la cubierta del tarro- holgada en su recipiente, se sacude como el mar en borrasca, tornándose como él, espuma, que sube, llenando completamente el vacío del tarro, al mismo tiempo que el hielo, apoderándose de ella acaba por paralizarla. Así, cuando después del trote cotinuado de dos leguas, llega donde se le espera con fuentes hondas, preparadas a recibirle, quitados los tapones, dos cascadas de espuma congelada llenan los recipientes, y sazonadas con azúcar y canela, van a la mesa a deleitar el paladar de los gourmets únicos catadores dignos de estos deliciosos manjares. Puede también, aún en los países cálidos, obtenerse este rico helado, de la manera siguiente: En las primeras horas de la mañana, se pone sobre hielo sazonado con salitre, en una fuente honda, de lata o zinc, una cantidad de buena leche, a la que se pueda añadir una taza de crema, y sazonarla con azúcar y canela. Se harán dos manojos de la paja enhiesta que se emplea para las escobas; y con estas dos espátulas se bate la leche por ambos costados del recipiente. Con esta operación, en diez minutos, la leche se ha tornado espuma, y esta espuma ha llegado a una completa congelación.

jueves, 10 de junio de 2010

Los herméticos de Rosacruz - Pessoa

"Se dice que los herméticos de la Rosacruz, secta esotérica y mágica, habían descubierto, desde el inicio de los tiempos, el secreto de la vida eterna, el elixir de la vida que, nunca muriendo, pasan de época en época, a través de los ciclos y civilizaciones, desapercibidos algunos, y con todo, por la grandeza de la cosa trascendental que crearon, mayores que todos los genios de la evidencia humana. De su secta es el precepto, que cumplen, de no darse nunca a conocer. Su presencia eterna, que vive al margen de nuestra trascendencia, vive también fuera de nuestra pequeñez."
De Fernando Pessoa, Escritos sobre ocultismo y masonería

lunes, 17 de mayo de 2010

Yukio Mishima



Tuve que estudiar, de chica (porque fui guía exploradora argentina), la historia de Juana de Arco, virgen y mártir. La repetí muchas veces, de memoria, en voz alta. Y mucho después descubrí este texto de Mishima, en "Confesiones de una máscara". Lo transcribo:

"Hay otro recuerdo primerizo, referente a un libro con ilustraciones. Aprendí a leer y a escribir a los cinco años, y todavía no pude leer el texto de aquel libro, por lo que ese recuerdo seguramente se remonta también a mis cuatro años.

En aquel entonces tenía varios libros con ilustraciones, pero me encapriché, total y exclusivamente, por aquel libro y solo por aquel, y además a causa de una sola reveladora ilustración. Podía pasar tardes enteras, tardes aburridas, dedicado a contemplar aquella ilustración y a soñar, pero si alguien se acercaba al lugar en que yo me encontraba, me sentía culpable sin razón alguna y me apresuraba a pasar la pagina. La vigilancia de una enfermera o de una niñera me resultaba insoportable. Ansiaba gozar de una vida en la que pudiera contemplar aquella ilustración todo el día. Cuando abría el libro por aquella página, el corazón me latía más de prisa. Las restantes páginas nada significaban para mí.

La ilustración mostraba a un caballero en blanco corcel y con la espada en alto. El caballo, dilatados los ollares, golpeaba el suelo con sus poderosas patas delanteras. En la armadura del caballero había un hermoso escudo de armas. El caballero, de bello rostro, miraba por la celada y blandía la temible espada, recortada contra el cielo azul, enfrentándose con la Muerte o, por lo menos, con un objeto que le atacaba rebosante de maligno poderío. Estaba yo convencido de que aquel caballero moriría en el instante siguiente. Si volvía la página, le vería sin la menor duda en el instante de morir.

Antes de que se adquirieran los conocimientos precisos, no cabe duda alguna de que existe un recurso en cuyos méritos las ilustraciones de un libro pueden ser transformadas en lo que serán “en el instante siguiente”.

Pero un día mi institutriz abrió aquel libro precisamente por aquella página. Y, mientras yo dirigía una rápida mirada de soslayo a la ilustración, dijo:

— ¿Sabe el señorito la historia de este cuadro?
— No, no la sé.
— Parece un hombre, pero es una mujer. De veras. Se llama Juana de Arco. La historia dice que fue a la guerra vestida de hombre, y que así sirvió a su patria.
— ¿Una mujer?
— Me quedé de una pieza. La persona que yo creía era él, resultó ser ella. Si aquel hermoso caballero era una mujer, ¿no quedaba todo reducido a la nada? Incluso ahora siento repugnancia, profundamente arraigada y de difícil explicación, por las mujeres vestidas de hombres). Esa fue la primera “venganza de la realidad” que la vida me deparó, y me pareció una cruel venganza, que se cebaba de modo principal en las fantasías que acariciaba referentes a la muerte del caballero, de él. A partir de aquel día hice caso omiso del libro. Ni siquiera lo cogí. Años después descubriría la glorificación de la muerte de un bello varón en una poesía de Oscar Wilde:
Fair is the knight who lieth slain
A mid the rush and reed...*"
(*bello era el caballero que yacía muerto entre las canas y los juncos)

jueves, 13 de mayo de 2010

Inmanuel Swedenborg

Inmanuel Swedenborg, intérprete celestial de reinas y nobles. Dos fragmentos que corresponden a su encuentro con los espíritus y habitantes del planeta Júpiter, que vieron a través de sus ojos:

"He sido informado por los ángeles que la primera expresión en el habla de cada planeta se realiza a través de los gestos del rostro, y principalmente mediante los ojos y los labios. La razón de que esto sea así es que el rostro fue creado para representar aquello que el hombre piensa y desea. En consecuencia, se conoce al rostro también como el modelo e índice de la mente".

Y antes:

"Respecto a las caras de los hombres de nuestra Tierra, que vieron a través de mis ojos, dijeron que no eran hermosas y que la belleza que poseían se debía a la tersura de la piel, pero no a las fibras y músculos del interior del cuerpo. Se sorprendieron de ver que las caras de los hombres estaban cubiertas de verrugas y pústulas o desfiguradas de alguna otra manera, y dijeron que tales rostros no se ven jamás entre ellos. Sin embargo, encontraron algunas caras que les agradaron, tales las que sonreían y estaban alegres y las que ofrecían alguna ligera prominencia alrededor de los labios.
La razón de que les agradaran los rostros con ligeras protuberancias en la zona del rostro que corresponde a la boca, era a causa de que su forma de hablar estaba influida mayormente por el rostro, especialmente por la zona junto a los labios, y también debido a que nunca fingen, es decir, nunca hablan cosa que se aparte de su pensamiento, así es que no constriñen su rostro, sino que dan rienda suelta a su capacidad de expresión, pero esto no es lo mismo con los que desde la infancia han aprendido a fingir: el rostro de éstos está, en consecuencia, constreñido desde el interior, y también desde el exterior. Más bien está siempre presto a constreñirse o a relajarse, según dicte la malicia. La verdad de todo esto puede verse a través de una inspección de las fibras musculares de los labios y partes añejas, pues es inmenso el número de fibras que existen en esta zona del cuerpo, habiendo sido creadas no solo para la masticación y para expresar palabras, sino también para expresar las ideas de la mente".